un espacio para compartir cuanto reflexiono y oro, lo que he vivido y como lo he vivido desde mi experiencia de fe
22 Junio 2018
La inclusión como la entendemos actualmente es casi la antítesis de si misma, por eso me he aventurado a decir que es una inclusión cada vez más excluyente, porque bajo esta bandera se trata de unir a todos, sin distinciones de banderas, elecciones, colores e ideologías, pero la sociedad contemporánea vive en si misma una ruptura dolorosa desde la que el otro es comprendido más que como hermano, como un adversario al que hay que derrotar para alcanzar un mundo mejor. Esto es cierto sin importar en bando nos coloquemos.
La inclusión actualmente podría compararse a un club selecto en el que solo entran personas que piensan igual, por eso una de las luchas constantes en uno u otro bando es la lucha contra el "adoctrinamiento" es decir la perpetuación de sistemas de pensamiento y estructuras ideológicas mediante el sistema educativo, por eso el resultado de la educación contemporánea es la "inclusión" que más bien podría ser entendida como "uniformación" del pensamiento; cuando todos piensen igual- podría decirse - entonces todos seres iguales.
De suyo la ruta para la inclusión que implica más que un arco-iris fecundo de colores, una uniformidad gris donde lo diferente sea considerado paria, es un error que generará cada vez más grupos de resistencia activa contra un pensamiento cerrado en si mismo que no permite objeciones. De esta manera se concibe que los que afirman luchar por la inclusión en realidad buscan construir una sociedad donde lo otro sea aplastado. Es decir, se permite todo lo otro que sea inofensivo, que no moleste pero en cuanto implique un poco de incomodidad puede ser descartado.
Una sociedad que busca respuestas rápidas hemos decidido como comunidad que este grupo de elegidos indiquen en nuestros países que es bueno y que es malo, quien es persona y quien no, esto ha generado como resultado una sociedad dividida y estigmatizada, unos son vistos como medievalistas conservadores e idiotas oscurantistas, mientras que los otros son tenidos como poco menos que la viva encarnación del mal.
Esto sobre todo por que los discursos que desean generar identidad son al mismo tiempo modos para distinguir un grupo del otro, siempre concibiendo uno como redentor del otro, los buenos que han llegado para salvar a los malos de sus nefastas creencias y esto que quede claro lo digo de derechas e izquierdas, de grupos de diversidad o del conservadurismo puritano (que no necesariamente religioso).
Vivimos en un mundo dividido y la pregunta es Cui prodest? (¿A quién aprovecha tanta división y contienda?) diré sucintamente "al capital". Todos - estoy seguro de ello - buscamos una sociedad más justa y humana, pero el camino que recorremos, debemos admitirlo es el equivocado. la cosa no consiste en imaginar una sociedad nueva en donde los conflictos se acaben con solo la obligación legal de acabarlos, imaginando ingenuamente que la ley cambiará la forma de pensar de todos, tampoco se trata de suponer que los no incluidos se han auto excluidos, y que su presencia es minúscula, porque las minorías a veces pueden ser mucho más grandes que las mayorías.
¿Cuál es, pues, mi propuesta? La mi es una propuesta que implica una palabra que suena mal y hasta esta en desuso, aquella palabra que pocos osamos pronunciar es "Conversión". Conversión es la palabra que menos ocupan los "buenos" porque se creen llegados a la perfección, y "conversión" suena mucho a religión y a fe para otros grupos que afirman con Nietzsche que el ser humano puede construir, necesita construirse sin Dios para ser de verdad ser humano.
Mi propuesta de conversión pasa por bajar las defensas, muros construidos prejuicio sobre prejuicio, dolor sobre dolor, enojo sobre enojo y ver al otro a la cara, como es sin epítetos innecesarios (porque los epítetos solo dividen) y llamar al otro "ser-humano" porque eso es lo que somos, seres humanos. Implica pedirse perdón mutuamente y si mutuamente, porque mutuamente nos hemos ofendido, por eso ocupamos sabernos seres humanos, seres de humus, es decir de tierra, porque solo así podremos darnos cuenta que la humildad (cualidad del que es de humus. el que no se pone por encima de los demás) es la virtud más propia del ser humano, por tanto, significa volver a los esencial.
La propuesta pasa también por bajar las banderas y construir un camino juntos, no a derechas ni a izquierdas, un camino totalmente otro y esto implica necesariamente tener que perder, perder mucho o perder poco, pero perder, perder sobre todo los prejuicios, las rivalidades estúpidas y las contiendas. Implica perder discursos que implican satanizar al otro, que hacen pasar al otro por estúpido conservador medievalista. Implica por tanto, construir un nuevo discurso diferente, partiendo de la idea revolucionaria de Jesús de Nazaret "Ama a tu prójimo porque es como tu"
Tendremos que darnos cuenta que nos necesitamos los unos a los otros, nos necesitamos más de lo que uno y otro piensa, porque en este mundo para construir una sociedad de verdad inclusiva somos necesarios todos

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